El café estaba casi en silencio, salvo por el suave zumbido de los portátiles y el siseo de la máquina de espresso. En la mesa de la esquina, un repartidor con chaqueta fosforita hacía scroll en TikTok en un móvil mientras el otro vibraba con avisos de pedidos. A su lado, una diseñadora le hablaba a la pantalla, pidiéndole a ChatGPT que puliera un correo para un cliente. Nadie parecía especialmente estresado, pero todos daban la impresión de estar vagamente de guardia, medio trabajando, medio esperando.
Esa sensación de estar “entre medias” se está convirtiendo en nuestro modo por defecto.
Ahora, un físico ganador del Nobel dice que esta realidad borrosa, de semiempleo, no es más que el principio.
La extraña alianza: Musk, Gates… y un Nobel
Gerard ’t Hooft, ganador del Premio Nobel de Física, no suele aparecer en los mismos titulares que Elon Musk y Bill Gates. Se maneja mejor con pizarras que con tormentas de tuits. Y, sin embargo, está llegando prácticamente a la misma predicción: un futuro en el que las máquinas hacen tanto que los trabajos tradicionales se reducen drásticamente, mientras nuestro tiempo libre se dispara.
No como una fantasía de ciencia ficción. Como una consecuencia sobria, casi matemática, del progreso.
Para gente como Musk y Gates, esto se presenta como una historia de IA y robótica. Para ’t Hooft, se parece más a la gravedad: una vez que la curva se inclina hacia la automatización, puedes frenarla, pero rara vez revertirla.
Mira tu semana. ¿Cuántas tareas te habrían llevado una hora hace diez años y ahora desaparecen en segundos? Pides la cena con tres toques, presentas facturas desde el móvil, pasas el corrector con un clic, dejas que el GPS piense por ti.
El mismo patrón está golpeando almacenes, oficinas, cabinas de camión, centros de llamadas. Amazon usa flotas de robots para mover estanterías que ningún humano podría levantar todo el día. Los chatbots de atención al cliente responden preguntas básicas a las 3 de la madrugada sin café ni vacaciones.
Los números ya son públicos: McKinsey estima que hasta 800 millones de empleos en todo el mundo podrían verse afectados por la automatización durante la próxima década o dos. Esto no es “algún día, cuando lleguen los robots”. Es una fuga lenta que ya tenemos bajo los pies.
Desde el ángulo de un físico, no va de robots malvados o humanos heroicos. Va de eficiencia. Cuando un sistema encuentra una forma de usar menos energía y menos tiempo para obtener el mismo resultado, tiende a seguir ese camino.
Para las empresas, ese camino está claro. Un robot no se pone malo. Una herramienta de IA no pide un aumento. Un algoritmo logístico no discute con el jefe.
Así llegamos a una nueva ecuación: más bienes y servicios, producidos más rápido y más barato, con menos gente necesaria en el sentido clásico del 9 a 5. Eso es exactamente lo que Musk quiere decir con “renta básica universal” y lo que Gates señala cuando habla de gravar a los robots. ’t Hooft solo añade un veredicto calmado e inquietante: esto es lo que hace el progreso, casi por diseño.
De trabajos a jornada completa a vidas a jornada completa: cómo podría sentirse de verdad
Si tienen razón, el gran lujo del mañana no será el salario. Será el sentido.
Imagina despertarte sin un trabajo al que correr, pero también sin la opción de decir: “Trabajaré más y ganaré más”. Porque el sistema no te necesita a jornada completa. Puede que tu alquiler esté cubierto por algún tipo de ingreso social, o por poseer una pequeña parte de la producción automatizada, o por microtrabajos hechos a ráfagas. Tienes tiempo, pero no estructura. Libertad, pero no un relato incorporado.
Esa es la promesa extraña: más horas libres de las que tus abuelos podrían haber soñado y una pregunta constante en el aire: ¿y ahora qué?
Ya vemos prototipos tempranos de esta vida. Piensa en el trabajador de plataformas que compagina apps de reparto, contratos de diseño a corto plazo y un pequeño canal de YouTube. Algunas semanas son una locura: jornadas de 12 horas, pitidos interminables, peleando por valoraciones de cinco estrellas. Luego cambia el algoritmo, se secan los pedidos y, de repente, aparece un martes cualquiera sin nada en el tablero. No hay jefe al que llamar. No hay RR. HH. de quien quejarse. Solo silencio.
O mira a los trabajadores de oficina tras una oleada de adopción de IA. El informe que llevaba un día ahora se hace en 20 minutos. El resumen de la reunión se escribe solo. Suena maravilloso, hasta que te das cuenta de que tu valor se medía en horas ocupadas, no en resultados. Cuando bajan las horas, baja también tu poder de negociación.
Un físico diría que el sistema optimiza para el resultado, no para la narrativa humana. Ese es el hueco que sentimos.
Los humanos no somos máquinas que se ponen felices cuando les quitas el trabajo. Somos criaturas que atan su identidad a lo que hacen y a quién les necesita. Cuando los empleos se comprimen en ráfagas más cortas e intensas, y los ingresos dejan de encajar limpiamente con “40 horas a la semana”, nuestro viejo software psicológico falla.
En parte por eso Musk habla de la necesidad de nuevos marcos culturales, por eso Gates defiende repensar la fiscalidad y las redes de protección social, y por eso ’t Hooft sugiere que las ganancias de productividad deben compartirse de otra manera. La matemática de la automatización es simple. La psicología del propósito no.
Cómo preparar tu vida cotidiana para menos empleos y más tiempo
Entonces, ¿qué haces con esto, ahora mismo, cuando el alquiler vence el día 1 y tu jefe sigue esperándote a las 9:00 en punto? No necesitas un plan maestro a cinco años. Necesitas un hábito pequeño y concreto: tratar una porción de tu semana como entrenamiento para el mundo que viene de “trabajo a tiempo parcial, vida a tiempo completo”.
Elige dos horas que puedas proteger. Temprano por la mañana, tarde por la noche, un hueco del fin de semana. En ese tiempo no haces recados ni te pierdes en el scroll infinito. Experimentas. Aprendes a fondo una herramienta que se sube a la ola de la automatización en lugar de ser aplastada por ella. Escribir, programar, diseñar, grabar, enseñar, construir una audiencia pequeña, o simplemente probar herramientas de IA hasta que te parezcan una extensión de la mano.
Ese es tu laboratorio personal. Tu colchón frente a un mundo en el que las descripciones de puesto pueden cambiar de la noche a la mañana.
La mayoría de la gente espera a que el sistema le diga que las reglas han cambiado. Un correo de despido. Un software nuevo que les obligan a usar. Una tarea que de pronto se asigna a “la IA”. Para entonces, se siente como un fracaso personal, aunque la tendencia fuera global.
Todos hemos vivido ese momento en el que te das cuenta de que la habilidad que construiste durante años ahora es “agradable de tener” en vez de esencial. Escuece. Y es fácil caer en la negación: decirte que tu sector es distinto, que tu trabajo es demasiado “humano” como para que lo toquen. Seamos sinceros: casi nadie hace esto todos los días. No miran hacia delante. No prueban un plan B mientras el plan A sigue pagando las facturas.
El gesto amable hacia tu yo del futuro es empezar, torpemente, antes de que sea urgente.
Aquí es donde el físico Nobel, los tecnólogos multimillonarios y el trabajador de a pie podrían coincidir inesperadamente: necesitamos tiempo para adaptarnos, y necesitamos usar ese tiempo con intención.
“La gente tendrá que dar un nuevo sentido a su vida”, ha advertido Gerard ’t Hooft en entrevistas sobre automatización y ocio. “Si gran parte del trabajo puede hacerlo la maquinaria, debemos decidir qué queremos hacer con nuestros días, no solo cómo sobrevivirlos”.
- Aprende a fondo una herramienta de IA o de automatización, no diez por encima.
- Construye una habilidad que te resulte satisfactoria aunque todavía nadie te pague por ella.
- Conecta con otras personas que también estén experimentando, online o en tu zona.
- Registra en qué se te va realmente el tiempo durante una semana; luego recupera el 5% de ese tiempo.
- Diseña un “día con poco trabajo” al mes para probar cómo llevas el tiempo sin estructura.
¿Un futuro con menos empleos… y más momentos humanos?
El giro extraño de esta previsión es que no todo es catástrofe. ’t Hooft no suena como un profeta del colapso. Musk, con todo su dramatismo, vuelve una y otra vez a la idea de que un mundo de abundancia es técnicamente viable. Gates insiste en que las ganancias de productividad podrían financiar mejor sanidad, educación y acción climática.
El riesgo no es un mundo sin trabajo. Es un mundo que conserva sus viejos reflejos -juzgar el valor por los cargos- mucho después de que los empleos se hayan adelgazado. Un mundo en el que la gente se queda en casa con sus necesidades cubiertas, pero con el espíritu inquieto.
Quizá la verdadera frontera no sea Marte ni la computación cuántica. Quizá sea la pregunta silenciosa e incómoda de qué hacemos cuando el sistema deja de necesitarnos a jornada completa y empieza a darnos algo más aterrador que reuniones interminables: tiempo.
La próxima década quizá no vaya de luchar por no perder cada empleo antiguo, sino de atreverse a inventar un nuevo tipo de vida cotidiana que no se derrumbe cuando el turno termine a mediodía.
| Punto clave | Detalle | Valor para el lector |
|---|---|---|
| - | La automatización reducirá los roles tradicionales a jornada completa, pero aumentará la producción | Te ayuda a entender por qué tu trabajo puede cambiar aunque tu rendimiento sea sólido |
| - | Viene más tiempo libre, pero el sentido y la identidad no se actualizarán automáticamente | Te prepara emocionalmente para la brecha entre ingresos, rutina y propósito |
| - | Pequeños experimentos semanales con nuevas herramientas y habilidades construyen un colchón de seguridad | Te da una forma práctica y realista de adaptarte sin quemarte |
FAQ:
- Pregunta 1: ¿De verdad Musk, Gates y Gerard ’t Hooft están diciendo lo mismo sobre el empleo?
- Respuesta 1: Usan un lenguaje distinto, pero coinciden en una idea central: la automatización y la IA asumirán una parte creciente del trabajo productivo, lo que implica menos empleos convencionales a jornada completa y la necesidad de replantear cómo se obtiene ingreso, propósito y estructura.
- Pregunta 2: ¿Esto significa que mi trabajo desaparecerá seguro?
- Respuesta 2: No hay garantía en ningún sentido. Algunos puestos desaparecerán, otros se reducirán y surgirán otros nuevos. La idea no es entrar en pánico, sino pensar en probabilidades: cualquier tarea repetitiva, predecible o basada en pantallas está más expuesta, así que es sensato diversificar tus habilidades.
- Pregunta 3: ¿Qué tipo de habilidades son más seguras en un futuro automatizado?
- Respuesta 3: Habilidades que combinan criterio humano, creatividad y relaciones, con un buen dominio de herramientas digitales. Piensa en trabajos en los que interpretas, guías o diseñas con IA en lugar de competir contra ella, y en los que la confianza y el matiz importan.
- Pregunta 4: ¿La renta básica universal forma realmente parte de esta conversación?
- Respuesta 4: Musk apoya abiertamente la idea, y Gates al menos se muestra abierto a nuevos modelos fiscales como los impuestos a los robots. Los comentarios de ’t Hooft sobre compartir las ganancias de productividad apuntan en la misma dirección: si las máquinas crean más valor, las sociedades deben decidir cómo distribuirlo.
- Pregunta 5: ¿Cuál es un paso sencillo que puedo dar este mes?
- Respuesta 5: Elige una herramienta de IA o de automatización relevante para tu campo y comprométete a usarla cada semana. No solo probarla una vez, sino incorporarla a tareas reales. Estás entrenando tu cerebro para trabajar con la ola, no para resistirla.
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