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Sabrosos “cables de soja”: las ratas frustran la adquisición de una empresa de fibra óptica en Londres.

Mano con guante instala cable subterráneo junto a una acera, cerca de autobús rojo borroso en una ciudad.

Lo que empezó como un ambicioso despliegue de fibra hasta el hogar pensado para preparar para el futuro partes de la capital se ha convertido en una advertencia sobre cómo decisiones de diseño aparentemente pequeñas pueden hundir una empresa valorada en cientos de millones de libras.

Las ratas rematan a un proveedor de banda ancha en apuros

G.Network, con sede en Londres, se presentaba como un aspirante a desafiar al mercado cableando la ciudad con conexiones de fibra óptica rápidas y fiables. La empresa se endeudó considerablemente para tender cable por distritos clave y captó a decenas de miles de clientes.

Según diversas informaciones, la deuda creció hasta rondar los 300 millones de libras. La dirección empezó a buscar un comprador dispuesto a hacerse cargo del negocio, de sus aproximadamente 25.000 clientes restantes y de su infraestructura. Parecía que la salvación estaba cerca.

El proveedor rival Community Fibre dio un paso al frente y comenzó a revisar las cuentas. Sobre el papel, adquirir la red de fibra de G.Network parecía un atajo para ampliar cobertura en Londres sin tener que levantar cada calle dos veces.

La operación se vino abajo cuando los ingenieros se dieron cuenta de que grandes tramos de la red habían sido literalmente devorados.

Durante la due diligence, el equipo de Community Fibre encontró daños extensos causados por roedores en partes del cableado subterráneo de G.Network. La magnitud y la ubicación de los desperfectos implicaban que cualquier comprador heredaría no solo una red, sino un enorme proyecto de reparación bajo algunas de las vías con más tráfico de Europa.

Por qué estos cables en concreto son una pesadilla de reparar

Que las ratas muerdan líneas de fibra no es raro. Operadores de telecomunicaciones de todo el mundo pierden conexiones de vez en cuando por culpa de roedores, zorros e incluso mascotas curiosas. Normalmente, los técnicos localizan la rotura, pasan un cable nuevo por conductos existentes y reparan el sistema.

G.Network tomó una decisión distinta al construir buena parte de su red. En lugar de usar principalmente conductos ya existentes bajo las aceras, la empresa recurrió a menudo a una técnica llamada microzanjas (micro‑trenching) en la propia calzada.

Microzanjas: baratas de instalar, brutales de reparar

El micro‑trenching consiste en cortar una ranura estrecha en el asfalto de la carretera, colocar dentro los cables de fibra y volver a sellarla. En la fase de despliegue tiene un atractivo claro: los cortes son pequeños, se reduce el tiempo de obra y bajan los costes iniciales frente a una excavación a gran escala.

Para G.Network, eso significó un despliegue más rápido y menos molestias al principio. Pero el método traía un coste oculto:

  • Cada reparación implica volver a cortar la calzada.
  • Se requieren desvíos de tráfico y cortes de calle.
  • Los permisos municipales y la coordinación con las autoridades de transporte ralentizan el trabajo.
  • Los cortes repetidos pueden debilitar el firme y enfadar a los vecinos.

El director ejecutivo de Community Fibre, Graeme Oxby, señaló que este diseño de red convertía reparaciones rutinarias por roedores en un trabajo de ingeniería civil enormemente caro. En lugar de una jornada pasando un cable nuevo por un conducto bajo la acera, las cuadrillas podían verse obligadas a levantar nuevos tramos de asfalto, una y otra vez, a través de un mosaico de distritos.

Cada cable roído no era solo un fallo técnico, sino una nueva obra en unas calles londinenses ya congestionadas.

Cuando el posible comprador tuvo en cuenta las obras repetidas, los permisos complejos y los costes de mano de obra, los números de la adquisición dejaron de cuadrar. Comprar G.Network significaba heredar carreteras tanto como fibra.

El papel inesperado de la soja y el maíz en este lío

Entonces, ¿por qué atraían tanto a las ratas estos cables en particular?

Los roedores tienen un impulso natural a roer. Sus incisivos crecen continuamente, así que necesitan materiales duros para desgastarlos. Los conductos de plástico y las cubiertas de los cables ofrecen la resistencia adecuada, y un solo mordisco firme puede bastar para fracturar delicadas hebras de fibra y dejar el servicio sin conexión.

En los últimos años, los fabricantes de cable han intentado responder a la presión medioambiental desplazando parte de los materiales hacia plásticos de base biológica. Eso puede implicar mezclas que incluyen componentes derivados de la soja o el maíz.

Estos materiales pueden ser mejores para los objetivos de sostenibilidad, pero conllevan un efecto secundario.

Los ingenieros sospechan que compuestos basados en soja y maíz en algunas cubiertas desprendían olores que los roedores interpretaban como comida.

En vez de ser solo objetos útiles para roer, los cables podían oler a tentempié. Para animales con olfato ultrasensible y el instinto de mordisquear, la combinación era irresistible. Una vez que las ratas encuentran un “camino con olor a comida” bajo una carretera, es probable que vuelvan y sigan trabajando sobre él.

Situados en cortes estrechos dentro de la calzada, estos cables también eran más difíciles de alcanzar rápidamente por los equipos de mantenimiento, lo que daba a los roedores más tiempo para causar daños antes de que se detectaran los problemas.

Cómo un ajuste de sostenibilidad puede chocar con la resiliencia

Este caso pone de relieve una tensión a la que se enfrentan los constructores de infraestructuras: materiales más verdes frente a durabilidad a largo plazo en entornos duros y poco glamourosos como alcantarillas, túneles y conductos.

Los plásticos de base biológica pueden reducir la dependencia de combustibles fósiles y quizá degradarse de forma más segura tras su eliminación. En pruebas de laboratorio controladas pueden parecer robustos. Pero las redes reales de una ciudad deben sobrevivir a ratas, humedad, aceite, vibración del tráfico pesado y tuberías antiguas mal documentadas.

Elección de diseño Beneficio a corto plazo Riesgo a largo plazo
Microzanjas en calzadas Despliegue más barato y rápido Reparaciones caras, interrupción del tráfico
Cubiertas de cable de base biológica Imagen de fabricación más ecológica Mayor atracción para roedores
Conductos estándar bajo aceras Construcción más lenta Acceso más fácil, reparaciones más baratas

Para los inversores, estos compromisos importan tanto como las velocidades de banda ancha de los titulares. Se espera que la infraestructura de telecomunicaciones dure décadas. Si cada metro de cable conlleva un mayor riesgo de fallo y un coste doloroso de reparación, cambia todo el modelo de negocio.

¿Podría ocurrir esto en otras ciudades?

El daño de roedores en redes de telecomunicaciones no es exclusivo de Londres. Nueva York, París, Tokio y muchas otras ciudades densas lidian con poblaciones crecientes de ratas que prosperan gracias a los residuos de comida, los túneles subterráneos cálidos y rincones ocultos.

En cualquier lugar donde los operadores usen microzanjas o fibra con protección ligera, pueden aflorar problemas similares. El riesgo aumenta cuando se combinan varios factores:

  • alta densidad de roedores
  • largos tramos de cable subterráneo
  • inspección visual limitada
  • materiales protectores de base biológica o blandos

Algunas empresas añaden ahora químicos de sabor amargo o capas externas más resistentes para disuadir las mordeduras. Otras están replanteándose por dónde enrutan los conductos y lo accesibles que son para hacer reparaciones. Unas pocas están probando sistemas de monitorización que buscan pérdidas de luz inusuales en una línea, lo que puede ser una señal temprana de daño físico.

Qué significan realmente para los usuarios “micro‑trenching” y “fibra”

Para muchos clientes, términos como “fibra completa” y “FTTH” (fibre to the home, fibra hasta el hogar) suenan abstractos. A nivel de calle, se traducen en decisiones concretas sobre dónde se abren zanjas y qué tipo de plástico acaba bajo tus pies.

Los cables de fibra óptica transportan datos como pulsos de luz a través de hebras de vidrio más finas que un cabello humano. El vidrio en sí es sorprendentemente resistente, pero la línea solo es tan fuerte como su protección exterior. Un pliegue brusco o un mordisco y la señal luminosa cae, dejando un edificio sin conexión.

Las microzanjas permiten a los proveedores cortar una hendidura estrecha, a menudo de apenas unos centímetros, en el asfalto existente. Eso puede convertir proyectos que podrían llevar meses en semanas. Para vecinos impacientes por una banda ancha rápida, suena a buen trato. Sin embargo, si luego llegan las averías repetidas, el entusiasmo se apaga rápido.

Para propietarios e instituciones municipales que valoran nuevas obras de banda ancha, este caso subraya algunas preguntas prácticas que conviene hacer a los proveedores:

  • ¿Por dónde pasarán exactamente los cables y cómo accederán a ellos los técnicos?
  • ¿Qué materiales se usan en las cubiertas y los conductos?
  • ¿Cuántas redes similares ha construido ya la empresa y cuál es su historial de averías?
  • ¿Quién paga si hay que abrir la calzada una y otra vez para reparar?

Riesgos más amplios y futuras decisiones para la infraestructura digital

La saga de G.Network también muestra cómo una amenaza relativamente mundana puede rematar a un operador financieramente débil. La competencia del mercado, la subida de los tipos de interés y una captación de clientes más lenta de lo esperado ya presionaban al negocio. Las ratas mordiendo cubiertas de cable con olor a soja convirtieron una situación difícil en una imposible.

Para reguladores y planificadores urbanos, queda una cuestión más amplia: cómo fomentar un despliegue rápido de fibra sin premiar atajos que puedan cargar el coste sobre contribuyentes o conductores unos años después. Algunas ciudades ya publican guías sobre rutas preferentes de conductos y materiales; podrían seguirles más cuando historias como esta circulen por los consejos de administración.

En el plano de la ingeniería, es probable que veamos un giro de vuelta hacia conductos más convencionales en muchas zonas, combinado con materiales más inteligentes. Laboratorios de investigación están probando recubrimientos de cable que repelen roedores, blindajes híbridos de metal y plástico, y sensores que detectan pequeñas vibraciones de mordisqueo antes de que una línea quede completamente seccionada.

Al final, el episodio bajo el asfalto londinense recuerda que la infraestructura digital sigue dependiendo de realidades muy físicas. Las velocidades de la fibra y los eslóganes de marketing sirven de poco si algo tan corriente como una rata hambrienta puede, una y otra vez, poner de rodillas una red y un negocio.

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