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Ni 65 ni 75: la DGT zanja el debate sobre la edad para conducir y aclara cuál es el verdadero límite y qué aspectos son realmente importantes.

Hombre mayor realiza test de visión en consulta médica junto a doctora que señala el papel; hay gafas y otoscopio en la mesa.

La sala de espera del centro médico para conductores parecía una estación de tren a una hora equivocada. Una profesora jubilada aferrada a su expediente. Un ex camionero mirando al suelo. Un hombre de casi 70 años discutiendo en voz baja con su hija: «He conducido durante 40 años, ¿por qué de repente me tratan como si fuera un peligro con ruedas?».

Fuera, el aparcamiento estaba lleno de coches con tarjeta de movilidad reducida y SUV impecables. Una recepcionista joven susurró: «Parece que todo el mundo hubiera cumplido 75 de la noche a la mañana».

La ansiedad en la sala no tenía nada que ver con las pruebas de vista o la tensión arterial. Iba de algo mucho más profundo: el miedo a que te digan «ya eres demasiado mayor para conducir», como si alguien, en algún lugar, hubiera decidido que a partir de cierto cumpleaños dejas de ser un adulto de verdad.

Esa famosa “edad límite” de la que todo el mundo habla.
Pero en realidad no existe como la mayoría la imagina.

La verdadera edad límite: lo que dice realmente el Reglamento de Circulación

El rumor suele ser así: «A los 65 hay que dejar de conducir», y otros responden: «No, es a los 75, esa es la verdadera edad límite». En cada comida familiar cambia el número, pero vuelve el mismo miedo. La idea de que un día el Reglamento de Circulación caerá sobre ti como una guillotina: cumpleaños, carnet fuera, fin de la historia.

Solo que la ley no funciona así.

En la mayoría de países europeos, y en muchos estados de EE. UU., no existe una edad máxima universal escrita en blanco y negro que te prohíba conducir solo porque las velas de la tarta son demasiadas. Lo que sí existe son revisiones periódicas, controles médicos y renovaciones del permiso que dependen más de la salud y de las capacidades que de la edad por sí sola.

Pongamos el caso de Gérard, 78 años, de Lyon. Sus nietos pensaban que su etapa al volante había terminado. Pasó un examen médico, una prueba de visión, un breve cribado cognitivo y se fue con el permiso válido durante tres años más.

A su lado, en la clínica, un conductor de 54 años no superó la evaluación por una apnea del sueño no tratada y un medicamento que le ralentizaba los reflejos. Tuvo que dejar de conducir temporalmente a una edad en la que, sobre el papel, nadie pondría en duda su “juventud”.

Las estadísticas lo respaldan. Los informes de seguridad vial muestran que el riesgo está ligado a los reflejos, la visión, la fatiga, la medicación y los hábitos de conducción. La edad influye, sí, pero no como una línea tajante. Es más bien una curva donde algunos conductores de 80 años conducen mucho mejor que cuarentones estresados que miran el móvil en cada semáforo.

En la práctica, el Reglamento de Circulación se apoya en tres pilares: aptitud física, agudeza mental y comportamiento al volante. Eso es lo que realmente importa cuando las autoridades deciden si alguien puede seguir conduciendo.

Los países fijan edades distintas para revisiones obligatorias: a veces 70, a veces 75, a veces antes si tienes una condición concreta. Pero no son normas de «estás mayor, entrega las llaves». Son filtros para detectar problemas que pueden aparecer a cualquier edad.

La verdad, sin rodeos: la edad es solo un indicador aproximado, no una condena.

Lo que nos asusta no es tanto la ley como el paso simbólico. Perder el carnet puede sentirse como perder la libertad, la identidad, la capacidad de visitar a los amigos, hacer la compra, vivir a tu manera.

Lo que cuenta más que la edad cuando estás al volante

El factor más decisivo no es tu año de nacimiento. Son las pequeñas señales concretas que tu cuerpo y tu cerebro te envían cuando conduces. ¿Te cuesta leer las señales cuando llueve? ¿Las rotondas te resultan más confusas que hace cinco años? ¿Evitas conducir de noche sin admitir del todo por qué?

Un gesto muy práctico lo cambia todo: programar un “chequeo de salud para la conducción” cada dos o tres años a partir de los 60. No solo una visita médica, sino también una breve sesión con un profesor de autoescuela para revisar con honestidad tus hábitos. Distancia de frenado. Cambios de carril. Reacción ante un obstáculo repentino. No son detalles teóricos. Pueden marcar la diferencia entre «sigo siendo seguro» y «toca adaptarse».

Todos hemos vivido ese momento en que un padre o un abuelo insiste: «Yo conduzco perfectamente, nunca he tenido un accidente». Esa frase tranquiliza, pero la realidad es menos sencilla. Hay más tráfico, coches más rápidos y normas más complejas. La forma de conducir de los años 80 no encaja con las autovías y las rotondas de hoy.

A menudo, la familia comete un gran error: atacar la edad, no el comportamiento. «Tienes 82, deberías dejarlo». En lugar de: «La semana pasada no viste esa señal de stop, me asusté mucho». La primera frase humilla. La segunda describe un hecho, invita a hablar y abre una puerta. Al Reglamento de Circulación le importa mucho más esa segunda frase que la primera.

«La edad por sí sola no me dice si una persona puede conducir», explica un médico especializado en seguridad vial con el que hablé. «He visto a conductores de 50 años más peligrosos que algunos de mis pacientes de 85. Lo que miro es: ¿ven con claridad, reaccionan a tiempo y entienden lo que ocurre a su alrededor?»

  • Señales de alarma que importan más que tu edad
    Te pitan a menudo sin entender por qué, calculas mal las distancias al aparcar, llegas agotado tras trayectos cortos que antes te parecían fáciles.
  • Alertas médicas
    Nuevos medicamentos que provocan somnolencia, varios pequeños “casi accidentes” en unos pocos meses, perderte en rutas que conoces de memoria.
  • Ajustes saludables
    Conducir solo de día, evitar las horas punta, hacer más paradas en viajes largos, repasar las normas con un curso breve.

Conducir después de los 65: de tema prohibido a conversación honesta

No existe una edad mágica a la que “debas” dejar de conducir. Lo que existe es una serie de conversaciones que solemos evitar hasta que ya es tarde. Conversaciones entre médico y paciente, entre padres e hijos adultos, entre parejas que ven al otro cada vez más cansado al volante.

Seamos sinceros: nadie revisa su manera de conducir todos los días. Renovamos el seguro en automático, nos quejamos del precio del combustible y nos decimos que seguimos siendo el mismo conductor que a los 30. Sin embargo, el cuerpo cuenta otra historia, en silencio, año tras año. Escuchar esa historia pronto puede convertir una prohibición brusca en una transición gradual: menos kilómetros, más viajes compartidos, quizá un coche más pequeño, quizá transporte público para algunos trayectos.

Punto clave Detalle Valor para el lector
La edad no es un límite rígido No hay una edad máxima universal en el Reglamento; los controles se centran en la aptitud y las capacidades Reduce el miedo irracional a una “fecha de caducidad” fija
Las señales importan más que los cumpleaños Visión, reflejos, medicación, pequeños incidentes son indicadores clave Ayuda a decidir de forma concreta cuándo adaptar los hábitos de conducción
El diálogo abierto lo cambia todo Hablar de conductas en lugar de edad reduce el conflicto y la negación Hace que las decisiones familiares sobre conducir sean menos bruscas y más respetuosas

FAQ:

  • Pregunta 1
    ¿Existe una edad legal a la que pierda automáticamente el carnet de conducir?
    En la mayoría de lugares, no. Puede haber revisiones médicas u obligaciones de renovación a partir de cierta edad, pero no una pérdida automática solo por cumplir años.

  • Pregunta 2
    ¿Necesito un certificado médico para seguir conduciendo después de los 70?
    Depende de tu país o región. Algunos exigen controles periódicos desde los 70 o 75; otros, solo si declaras una condición concreta. La autoridad de tráfico local o tu médico de cabecera pueden indicarte la norma exacta.

  • Pregunta 3
    Mi padre/madre se niega a dejar de conducir, pero tenemos miedo. ¿Qué podemos hacer?
    Empieza hablando de incidentes concretos, no de la edad. Propón un chequeo médico y una sesión con un profesor de autoescuela como “reaseguro”, no como un juicio. Algunas familias también acompañan y observan discretamente durante una semana antes de decidir.

  • Pregunta 4
    ¿De verdad los conductores mayores son más peligrosos que los jóvenes?
    Los perfiles de riesgo son distintos. Los jóvenes tienden a tener más siniestros ligados a la velocidad y la distracción. Los conductores muy mayores tienen menos accidentes en total, pero consecuencias más graves cuando algo sale mal. El comportamiento y la salud siguen siendo los factores decisivos.

  • Pregunta 5
    ¿Cómo puedo conducir con seguridad el mayor tiempo posible?
    Revisa la vista con regularidad, habla con tu médico sobre la medicación, evita conducir con cansancio, actualiza tus conocimientos de las normas y prepárate para limitar la conducción nocturna o los viajes largos cuando empiecen a resultarte estresantes.

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