El termostato de la pared del pasillo parpadea 19 °C. Fuera, el viento corta la calle como un cuchillo y, dentro, Sophie está envuelta en dos jerséis y una manta, con los dedos rígidos mientras teclea en su portátil. Recuerda todos los consejos de la última crisis energética: 19 grados, ni uno más, eso es lo responsable, lo “adulto”. Solo que tiene la nariz helada y sus hijos no dejan de entrar en la cocina para quedarse junto al horno buscando calor. En el papel ahorra dinero, pero no está viviendo bien.
En algún momento, el confort también tiene un precio.
Y eso es exactamente lo que los científicos, en silencio, están empezando a recalibrar.
El viejo dogma de los 19 °C se resquebraja
Durante años, la regla de calentar a 19 °C se trató casi como un código moral. Los gobiernos la repetían, las compañías energéticas la imprimían en folletos y los vecinos se juzgaban entre sí por lo bajo que podían ponerla. Si subías el termostato por encima de esa cifra, eras casi un traidor al planeta y a tu factura de invierno.
Sin embargo, a puerta cerrada, mucha gente simplemente lo subía un poco cuando nadie miraba. El mito seguía ahí, pero la vida diaria contaba otra historia.
En 2022, durante el gran impulso por la sobriedad energética en Europa, las encuestas mostraron una brecha curiosa. Una gran parte de los hogares decía apuntar a 19 °C, pero cuando los técnicos comprobaban las temperaturas interiores reales, a menudo encontraban 21 o incluso 22 °C en los salones. La regla sobrevivía sobre todo en discursos y en infografías.
Un consultor energético francés me contó que entraba rutinariamente en “casas de 19 grados” que se sentían casi tropicales. La gente se sentía culpable, pero también notaba los huesos fríos y los hombros rígidos. Ante esa elección, escogían el calor e intentaban no hablar del tema.
Esta brecha empujó a los expertos en confort térmico a volver a hurgar en datos que llevaban años guardados en cajones. Miraron la calidad del sueño, la productividad, la salud respiratoria y los patrones de comportamiento realistas, no solo el ahorro teórico en una hoja de cálculo. Poco a poco, empezó a aparecer un nuevo consenso: un 19 °C rígido, igual para todos, no encajaba con cuerpos reales ni con viviendas reales.
El cuerpo humano no lee memorandos de política: reacciona a las sensaciones, las corrientes de aire, la humedad y la ropa.
El nuevo ideal: una banda flexible, no un número mágico
El mensaje que emerge ahora de los científicos de la edificación y los especialistas en energía es más claro: el nuevo “punto dulce” para la mayoría de los hogares está entre 20 °C y 21 °C en las zonas de estar, y alrededor de 17–18 °C en los dormitorios. No como una regla de hierro, sino como un equilibrio realista entre confort y energía. La idea es sencilla: un poco más cálido que 19 °C donde pasas el día, un poco más fresco donde duermes.
Este rango reduce el choque entre habitaciones, disminuye los riesgos de condensación y encaja con la forma en que realmente nos movemos por casa.
Pensemos en un piso medio en una ciudad de tamaño intermedio. El salón se fija en 20,5 °C, la cocina se mantiene cerca de 20 °C por la actividad de cocinar y los dormitorios se quedan en 17,5 °C durante la noche. A lo largo del invierno, la factura de calefacción solo es marginalmente más alta que con un régimen estricto de 19 °C, sobre todo si el edificio está razonablemente bien aislado. Pero la diferencia en el confort vivido es notable: menos quejas de “suelos helados”, menos resfriados en niños que comparten un cuarto con corrientes, menos tentación de subir el termostato a 23 °C después de un día especialmente húmedo y gris.
Los modelos energéticos muestran que cada grado extra por encima de 19 puede aumentar el consumo de calefacción en torno a un 7%. El truco no es pasar frío a 19, sino evitar rebotar salvajemente entre 18 y 23.
Lo que ahora subrayan los expertos es la visión dinámica. Mantener 20–21 °C estables en la estancia principal, con pequeñas bajadas entre día y noche, a menudo ahorra más energía que un 19 °C “heroico” que la gente no soporta y acaba anulando constantemente. A nuestro cuerpo le gusta la estabilidad. A los sistemas de calefacción también. Los radiadores funcionan de forma más eficiente cuando no hacen el yo-yo.
Seamos sinceros: nadie calibra su termostato todos los días según un horario perfecto. Un rango razonable con el que puedes vivir supera a una regla estricta que abandonas en silencio.
Cómo ajustar tu casa a la nueva zona de confort
Si quieres probar esta nueva banda, empieza con un gesto simple: elige un objetivo de 20 o 20,5 °C en tu salón (o zona principal) y mantenlo ahí al menos una semana completa. No toques la ruleta cada hora. Solo observa. Fíjate en tus manos, tus pies, cuánto tiempo mantienes el jersey puesto. Luego ajusta los dormitorios a 17–18 °C por la noche, especialmente si usas un buen edredón.
El objetivo no es la perfección: es la estabilidad. Deja que tu cuerpo se adapte y comprueba si esas medias décimas bastan para acabar con las quejas de “me estoy congelando”.
Mucha gente comete el mismo error: saltan de 19 a 23 °C en un mal día; después se asustan con la factura y se desploman a 18. Esa montaña rusa castiga el confort y el bolsillo. Un ajuste más pequeño y constante es mucho más llevadero. También puedes recurrir a “microconforts”: calcetines gruesos, una manta en el sofá, cerrar puertas entre zonas cálidas y frías, una bebida caliente antes de sentarte a trabajar.
Todos hemos estado ahí: ese momento en el que tiritas en casa mientras el termostato insiste en que estás “bien”.
“Olvídate de la caza del número perfecto”, dice la ingeniera energética Laura Benett. “Piensa en rangos y rutinas. Para la mayoría, 20–21 °C de día y 17–18 °C de noche es el nuevo objetivo realista tanto para el confort como para el ahorro”.
- Zonas de estar durante el día
Apunta a 20–21 °C, especialmente si pasas horas sentado o teletrabajando. - Dormitorios por la noche
Mantenlos más frescos, alrededor de 17–18 °C, con un buen edredón y persianas cerradas. - Ventana del baño y humedad
Ventila rápido tras la ducha para evitar moho, no bajando la temperatura todo el día. - Cambios lentos y pequeños
Ajusta 0,5–1 °C y espera un día, en lugar de grandes oscilaciones que luego lamentarás. - Mira también la humedad
En torno al 40–60% de humedad suele sentirse más cálido a la misma temperatura y es más amable con los pulmones.
Más allá de los números: qué significa realmente el “confort” en casa
Cuando superas el viejo mantra de los 19 °C, aparece una pregunta más interesante: ¿qué significa realmente el confort en tu día a día? Es la alegría de levantarte de la cama sin un shock para el cuerpo. La capacidad de teletrabajar sin los dedos entumecidos. La sensación de que tus hijos pueden jugar en el suelo sin zapatillas y tres capas. Estas experiencias no salen en un gráfico de políticas públicas, pero definen tu ánimo en invierno.
También está la salud: las personas mayores, los bebés y cualquiera con problemas circulatorios o respiratorios a menudo necesitan ese grado extra.
El nuevo consenso no elimina la necesidad de ahorrar energía; la replantea en torno a la realidad. Si 19 °C convierte tu salón en un lugar que todos evitan, acabarás emigrando a tiendas y cafeterías calefactadas o enchufando radiadores eléctricos devoradores de energía. Un hogar cálido y bien gestionado a 20–21 °C puede ser, de hecho, la opción más sobria a lo largo de toda la temporada. El cambio real es mental: menos culpa por subir el termostato un punto, más foco en el aislamiento, los hábitos estables y cómo te sientes de verdad cuando entras en tu propia casa.
Algunos inviernos son más duros que otros, algunas casas son coladores, algunos radiadores son piezas de museo. Tu banda de confort evolucionará. La regla está oficialmente desfasada; la conversación no ha hecho más que empezar.
| Punto clave | Detalle | Valor para el lector |
|---|---|---|
| Nuevo rango óptimo | 20–21 °C en zonas de estar, 17–18 °C en dormitorios | Equilibra confort, salud y un ahorro energético realista |
| Estabilidad frente a extremos | Ajustes pequeños y constantes superan grandes oscilaciones irregulares | Ayuda a controlar la factura evitando el “shock” de frío en casa |
| Adaptación personal | Ajusta según edad, salud, aislamiento y rutina diaria | Permite que cada hogar encuentre su propia zona de confort sostenible |
Preguntas frecuentes (FAQ):
- ¿Es malo ahora 19 °C?
No necesariamente. En una casa bien aislada y para adultos sanos, 19 °C puede funcionar. La cuestión es que ya no se considera el único ideal para todo el mundo, siempre.- ¿No hará 21 °C que se dispare mi factura de calefacción?
Pasar de 19 a 21 °C puede aumentar el consumo, pero si evitas grandes oscilaciones y mejoras el aislamiento o las corrientes, el coste extra suele mantenerse moderado en comparación con el confort ganado.- ¿Cuál es la mejor temperatura para dormir?
La mayoría de expertos sugiere ahora 17–18 °C para los dormitorios, con buena ropa de cama. El aire más fresco favorece un mejor descanso para muchas personas, siempre que te sientas a gusto bajo las mantas.- ¿Debería apagar la calefacción cuando salgo?
Para ausencias cortas, suele bastar con bajar 1–2 °C. Apagarlo todo puede provocar humedad e incomodidad, y recalentar desde temperaturas muy bajas consume más energía.- ¿Cómo sé si mi casa está demasiado fría?
Si ves condensación en las ventanas, notas corrientes persistentes o necesitas varias capas solo para estar sentado, probablemente tu nivel de confort es demasiado bajo, aunque el número del termostato parezca “razonable”.
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