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Jorge, engenheiro industrial: “É falso dizer que manter o aquecimento ligado todo o tempo poupa dinheiro.”

Hombre ajustando termostato inteligente en pared con smartphone, mostrando temperatura interior 21°C en pantalla.

El mito de la calefacción “siempre encendida”

La idea parece lógica: si la casa no se enfría, la calefacción “trabaja menos”. Pero no es una regla universal, y en muchas viviendas sale más caro.

Desde el punto de vista energético, es falso que mantener la calefacción encendida todo el tiempo a baja temperatura ahorre dinero.

La clave: mientras está encendida, está compensando pérdidas de calor (paredes, ventanas, rendijas). Cuantas más horas funcione, más energía acaba metiendo en la vivienda.

En la práctica, suele compensar bajar la consigna o apagar cuando no hay nadie (trabajo/cole, recados). Si la ausencia es muy corta, tocar el termostato puede aportar poco: como referencia, piense en 30 minutos o más, según lo rápido que se enfríe su casa.

Por qué “bajo y constante” no tiene sentido

La pérdida de calor no se detiene

Una vivienda pierde calor de forma continua. Y cuanto mayor es la diferencia entre interior y exterior, más rápido se pierde. Mantener 20 °C con 5–10 °C fuera implica estar “rellenando” esa fuga todo el día.

Si baja la consigna o apaga, la casa se enfría algo, la diferencia de temperatura baja y durante ese rato las pérdidas se reducen. Por eso, a menudo, menos horas encendida = menos consumo semanal.

Matiz importante en España (sobre todo en viviendas húmedas o mal ventiladas): bajar demasiado puede favorecer condensación y moho. Para evitarlo, suele ser más seguro aplicar reducciones moderadas (2–4 °C) y vigilar humedad interior (muchas casas funcionan mejor alrededor de 40–60%).

Menos tiempo funcionando suele significar menos energía consumida a lo largo del mes.

Las pausas cortas también cuentan

No hace falta “irse de vacaciones” para que compense. En muchas casas, parar 30–60 minutos ya recorta consumo porque el equipo queda realmente inactivo.

Existe un pequeño “pico de arranque”, pero en equipos modernos suele ser menor que lo que se ahorra al no estar manteniendo temperatura durante ese intervalo. Excepciones típicas:

  • Alta inercia térmica (suelo radiante, muros muy macizos): cambios grandes son lentos y pueden ser poco prácticos.
  • Bombas de calor: suelen rendir mejor con consignas estables y ajustes suaves (bajar pocos grados) que con ciclos agresivos de encendido/apagado.

Termostatos, no intuición

Calentar “a ojo” suele acabar en exceso de horas o de temperatura. Un termostato programable (y, si hay radiadores, válvulas termostáticas) casi siempre mejora el resultado sin esfuerzo diario.

Reglas simples que suelen funcionar:

  • Zonas de estar: 19–21 °C cuando están ocupadas.
  • Dormitorios: 16–18 °C suele ser suficiente para dormir.
  • Noche y casa vacía: baje unos grados en vez de mantener igual.
  • Programe el arranque con margen para no “forzar” subidas rápidas.

Sobre la factura: como pauta, +1 °C suele notarse. En muchas viviendas se mueve en el orden de ~5–10% más por cada grado adicional, según aislamiento y sistema.

Formas prácticas de reducir los costes de calefacción en invierno

Temperatura, horarios y comportamiento

El ahorro sostenible no es “pasar frío”, sino calentar cuando aporta confort.

El objetivo es evitar gasto que no mejora el confort.

La factura suele depender de tres cosas: temperatura elegida, horas encendida y pérdidas del edificio.

Acción Impacto típico
Bajar el termostato 1 °C A menudo ~5–10% menos consumo (según vivienda)
Bajar/apagar cuando no está Menos horas de funcionamiento, menos energía total
Sellar ventanas y puertas Menos corrientes, menos pérdidas constantes
Usar horarios Calentar por uso real, no por rutina

Error común: “ventilar poco a poco” con una ventana entreabierta durante horas. Mejor ventilación corta e intensa (5–10 minutos) y cerrar: renueva aire y baja humedad con menos derroche.

Aislamiento y ajustes sencillos en casa

Si la vivienda pierde calor muy rápido, cualquier estrategia se queda corta. Sin obra, hay medidas baratas con buen retorno:

  • Burletes en holguras de ventanas/puertas y atención a cajas de persiana.
  • Cortinas bien cerradas por la noche (sin tapar del todo radiadores).
  • Alfombras en suelos fríos: suben el confort inmediato.
  • Cerrar puertas para calentar solo zonas en uso.

Si usa radiadores de agua: purgar si hay aire, comprobar presión y equilibrar estancias ayuda a que la caldera trabaje menos. Y si hay gas, conviene mantener revisiones y ventilación adecuadas: en España la inspección periódica de la instalación suele ser obligatoria cada ciertos años (habitualmente 5), según el tipo de suministro.

Usar con inteligencia el calor solar gratuito

Incluso en invierno, el sol puede aportar mucho en estancias con buena orientación (en España, sobre todo sur y oeste):

  • De día: persianas y cortinas abiertas para ganar calor.
  • Al atardecer: cerrar pronto para reducir pérdidas por el vidrio.

Cortinas y persianas funcionan como una “segunda piel” que puede ahorrar sin coste.

La ganancia depende de la orientación y del tamaño del acristalamiento, pero en salas pequeñas puede notarse rápido.

Repensar hábitos comunes de calefacción

Confort versus costumbre

Mucho consumo viene del “por si acaso”: calentar estancias vacías, misma temperatura en toda la casa o encender demasiado pronto. Revise estancia por estancia: cuándo se usa y cuál es su mínima temperatura cómoda.

Dos cambios que suelen dar resultado inmediato: menos zonas calentadas a la vez y menos horas en vacío, sin perder confort real.

Cuando el “siempre encendida” puede resultar tentador

A veces mantener una temperatura base tiene sentido: viviendas con humedad persistente, edificios difíciles de calentar, bebés o personas vulnerables. Aun así, el “24/7” rara vez es la única opción.

Suele funcionar mejor:

  • Reducciones controladas (bajar 2–4 °C) en lugar de apagar siempre.
  • Calentar por zonas (salón y dormitorios) en vez de toda la casa.
  • Arreglar primero lo que más fuga: rendijas, vidrio simple, cajas de persiana, puertas.

Cuidado con los extremos: en olas de frío y zonas interiores, no deje caer la vivienda tanto que aparezcan condensaciones o que el “remonte” sea lento e incómodo.

Mirar hacia delante: calentar de forma más inteligente, no más difícil

Los termostatos inteligentes y las válvulas conectadas ayudan porque automatizan lo difícil de mantener: bajar cuando no hay nadie, ajustar por estancias y seguir rutinas reales (algunos detectan ventanas abiertas).

Un esquema simple para muchas familias:

  • Casa vacía: 16–17 °C (o una reducción moderada equivalente).
  • Antes de llegar: subir a 19–21 °C.
  • Noche: bajar algunos grados sin enfriar en exceso.

Si duda, haga una prueba de dos semanas con tiempo parecido: una con “bajo y constante” y otra con horarios + reducciones. Compare consumo (contador/app) y también confort y humedad. En muchas casas, los números y la sensación lo dejan claro: calentar cuando importa y recortar el resto suele ganar al “siempre encendida”.

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